Entrevista para VOCENTO

Publicado Mayo 2013 - DANIEL ROLDÁN - COLPISA
Redacción Central de Vocento (Madrid)  

¿Qué le ha hecho volver a comienzos del siglo XIX en su nueva novela?
En esta ocasión la trama surgió de una idea concreta que se fue vistiendo a sí misma y que "exigió" una época turbulenta, como fue la Revolución Francesa, con una fuerte transcendencia del mundo de la navegación. El relato se sitúa en ese momento, nos acompaña por el cambio de siglo a través de la vida de Christophe Marchand, su protagonista, y nos presenta el inicio del s. XIX con la situación que se vivió después del Imperio Napoleónico.

 

 

¿Qué es lo que más le gusta de esta época, precisamente?
Nada en esta vida es tan simple como debería ser. La Revolución Francesa no tuvo el resultado esperado: a pesar de la sacudida que la burguesía supo imprimir al devenir de Francia, el país vecino no consiguió el progreso y la estabilidad deseados o, por lo menos, con la rapidez esperada; la pobreza del campo y de las ciudades seguía allí. Los negocios burgueses no prosperaban. Esa perversión de la revolución "incompleta" llama poderosamente la atención. ¿A alguien le recuerda algo en relación al momento actual?

¿Y qué le ha llevado a ambientarla en el Languedoc?
Además de una zona humilde, alejada de la gran capital, el contacto con el mar era condición: esa sensación de libertad de la que tanto hablan y que tanto aman sus incondicionales. En el Languedoc se da la particularidad de la enorme laguna de Thau (una albufera de 21 km de largo y 8 de ancho), que me interesó enseguida. Visita urgente a Loupian y Sète y... el escenario estuvo bendecido en pocas semanas. Christophe Marchand y su extraordinaria sensibilidad encajaba como anillo al dedo en ese entorno de contrastes.

El mar tiene un papel fundamental en el libro, ¿lo trata como un personaje más?
Por supuesto. Varios de los espacios que aparecen en la novela toman corporeidad a lo largo del relato (el mar, la laguna, el desierto, el bergantín...). Lo hacen de modo natural, de manos de los personajes, apareciendo junto a ellos, interactuando en lo que hacen, incluso en lo que dicen. A mi entender, si lo consigues, es uno de los mejores premios del género novela. Y el mar, el infinito mar, supone uno de los retos más atrevidos.

En sus tres novelas, los personajes luchan contra la sociedad que les rodea, ¿necesitamos más soñadores?
Yo sigo pensando que sí. No se trata sólo del movimiento que de modo directo provocan en la sociedad, es también la inspiración que despiertan, el estímulo que representan para avanzar hacia un mundo mejor, donde se combinen la creatividad y el esfuerzo en las proporciones que realmente construyen algo.

Hasta hace poco la época napoleónica nos la han contado los británicos, como Bernard Cornwell. En cambio, muchos escritores españoles han narrado nuestra Edad Media o épocas anteriores. ¿Por qué cree que existe esta falta de títulos de la época napoleónica? ¿Y cómo cree que está contada? ¿Se ha contado bien?
Curioso caso y curiosa pregunta a la que no sé responder, pues es cierto que, al igual que los británicos, España tuvo años y años de violento contacto con Francia. Una popular excepción que recuerdo es la serie de TV Curro Jiménez, aunque la Guerra de la Independencia Española, dentro de las llamadas Guerras Napoleónicas, aparecía allí sólo de fondo. Y no es que fuera ese enfrentamiento un asunto baladí; Napoleón tuvo sus buenos problemas en la península, no en vano declaró que "la maldita Guerra de España fue la causa primera de todas las desgracias de Francia".
En el caso de Bernard Cornwell me parece un enorme acierto contar la historia desde el punto de vista de Richard Sharpe, un fusilero del ejército británico. Como suele decirse: es difícil escribir algo nuevo con Napoleón de protagonista, pero si el protagonista es uno de sus soldados (como en El mar de los hombres libres) o un soldado enemigo (como en la saga histórica de Cornwell o en las luchas marítimas escritas por Patrick O'Brian) la cosa cambia.
En cualquier caso, pensando en la pregunta no puedo evitar mencionar dos magníficas novelas de enfrentamiento contra los franceses: El Asedio de Arturo Pérez-Reverte y Victus, de Albert Sánchez Piñol, esta última ambientada en la Guerra de Sucesión Española. Ambas muy recomendables.

¿Por qué, si se puede saber, había decidido esconderse tras un seudónimo?
La razón principal es que necesitaba comprobar que mis relatos se sostienen por sí mismos. Mi ambición es que interesen y atrapen al lector, de un modo sostenido, con un buen equilibrio entre el desarrollo de la trama, las acciones y las emociones que transmiten. Sólo cuando he estado seguro de ello me he decidido a contar más de Andrés Vidal y disponer de la posibilidad de interactuar de un modo directo con los lectores, lo cual, debo decir, permite comprobar el tono muscular del escritor con mucha mayor precisión. Sigo experimentando al respecto y esta entrevista es una buena muestra de ello, gracias Daniel.

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